Los parques agroecológicos del municipio de El Marqués convierten espacios urbanos subutilizados en sistemas vivos que producen alimentos, albergan biodiversidad y procesan sus propios residuos. Cada parque integra tres componentes que se alimentan entre sí: un huerto de hortalizas, un jardín de polinizadores con plantas nativas y una lombricomposta.
El ciclo cierra sobre sí mismo. La lombricomposta recicla los residuos orgánicos y produce humus de lombriz y lixiviado, que a su vez nutren el suelo del huerto; el jardín de plantas nativas atrae escarabajos, mariposas, abejas y otros polinizadores esenciales para el equilibrio del ecosistema urbano. Es economía circular a escala de barrio, donde los residuos se aprovechan y los recursos se regeneran.
El problema que atienden es concreto y urgente. El Marqués ha crecido a un ritmo acelerado (cerca de 98.9% en una década, hasta rebasar los 230 mil habitantes en 2020), empujado por la expansión industrial y los desarrollos inmobiliarios de la región del Bajío. Ese crecimiento se comió zonas de recarga hidrológica y cobertura vegetal, y con ellas la capacidad del suelo para infiltrar agua. La consecuencia se volvió visible en 2025, cuando varios fraccionamientos sufrieron anegamientos severos que obligaron a evacuar a más de 120 personas y dañaron al menos 178 viviendas. Recuperar áreas verdes que infiltren agua, regulen la temperatura y sostengan biodiversidad no es un adorno: es infraestructura frente al riesgo.
Los resultados ya se pueden medir. En el Fraccionamiento El Mirador, donde viven cerca de 20,000 habitantes, un espacio subutilizado se transformó en parque agroecológico: el huerto comunitario rinde alrededor de 40 kilogramos de hortalizas por cosecha, libres de agroquímicos, y las compostas producen 40 litros de lixiviado y 100 kilogramos de humus al mes. En paralelo, una lombricomposta escolar puso a estudiantes y docentes a separar residuos orgánicos y a manejar el sistema, con lo que la economía circular dejó de ser un concepto de libro para volverse una práctica.
La apuesta económica es deliberadamente modesta: arrancar un parque cuesta alrededor de $12,028 pesos, entre cajones para la lombricomposta, tinaco para el riego, semillas, charolas de germinación, pie de cría de lombriz, tierra, plantas nativas, malla sombra y tijeras de poda. La Dirección de Medio Ambiente capacita y monta el sistema; después la comunidad se encarga del mantenimiento, con visitas de supervisión. Dos piezas de infraestructura municipal sostienen la expansión sin depender de proveedores externos: una lombricomposta en el ayuntamiento, donde se reproduce la lombriz roja californiana, y un invernadero que produce plántula y plantas nativas para polinizadores.
Lo que hace replicable al modelo es justamente lo que no exige: ni infraestructura compleja, ni inversiones elevadas, ni condiciones especializadas. Puede empezar como un huerto con un sistema básico de compostaje y crecer de forma modular hasta ser un parque completo, en terrenos baldíos, azoteas, escuelas o áreas comunitarias.
La creación de parques agroecológicos en zonas urbanas tiene por objetivo establecer espacios integrales donde la naturaleza, la comunidad y la sostenibilidad convivan de manera armónica. Estos parques buscan albergar biodiversidad mediante el diseño de jardines con plantas nativas que favorezcan la presencia de polinizadores como escarabajos, mariposas y abejas, mariposas y otros insectos esenciales para el equilibrio de los ecosistemas.
Al ofrecer refugio y alimento a estas especies, se contribuye directamente a la conservación de la biodiversidad urbana, la cual suele verse afectada por el crecimiento desmedido de las ciudades y la reducción de áreas verdes. El proyecto incluye tres componentes: un área para cultivar hortalizas, un jardín de polinizadores y una lombricomposta. En el huerto se cultivarán vegetales, mientras que, la lombricomposta se encargará de reciclar los residuos orgánicos, formando hummus de lombriz y lixiviado, lo cual posteriormente se les colocará a las hortalizas para nutrir el suelo, mientras que el jardín de polinizadores atraerá fauna nativa y fomentará un enriquecimiento de la biodiversidad local.
Además de su función ecológica, estos parques incluyen huertos comunitarios que permiten a las personas cultivar y cosechar alimentos frescos, sanos y sostenibles. Esta práctica no solo mejora la seguridad alimentaria, sino que también promueve hábitos de consumo responsables y una mayor conexión entre los ciudadanos y el origen de sus alimentos. Através del trabajo colaborativo en el huerto, se fortalecen los lazos comunitarios, se fomenta la educación ambiental y se impulsa el intercambio de conocimientos entre generaciones.
Un componente clave del proyecto es la implementación de sistemas de lombricomposta, los cuales permiten transformar los residuos orgánicos en fertilizante natural de alta calidad. Este proceso reduce significativamente la cantidad de desechos que terminan en los rellenos sanitarios, disminuyendo la contaminación del suelo y la emisión de gases de efecto invernadero.
Al mismo tiempo, se genera un recurso valioso que nutre la tierra del huerto, cerrando así el ciclo de producción de manera eficiente y sostenible. En conjunto, estos elementos convierten al parque agroecológico en un ejemplo práctico de economía circular, donde los residuos se aprovechan, los recursos se regeneran y la comunidad participa activamente en cada etapa del proceso.
Este modelo no solo contribuye a mejorar el entorno ambiental, sino que también impulsa una transformación social al generar conciencia sobre la importancia de cuidar los recursos naturales y adoptar estilos de vida más sostenibles. Asimismo, los parques agroecológicos pueden funcionar como espacios educativos abiertos, donde escuelas, familias y organizaciones puedan aprender sobre temas como la agricultura urbana, la biodiversidad, el compostaje y el consumo responsable.
De esta manera, el impacto del proyecto trasciende el espacio físico y se convierte en una herramienta de cambio cultural. En conclusión, la creación de parques agroecológicos en zonas urbanas representa una solución innovadora y replicable frente a los desafíos ambientales y sociales actuales. Al integrar naturaleza, educación y participación ciudadana, estos espacios promueven ciudades más resilientes, saludables y conscientes, donde cada persona puede formar parte activa de un futuro sostenible.
El municipio enfrenta diversos retos asociados al cambio climático, la contaminación de suelo, atmosférica y pérdida de zonas de recarga hidrológica. El Marqués ha experimentado un crecimiento poblacional acelerado, pasando de poco más de 230 mil habitantes en 2020, con un incremento cercano al 98.9% en una década lo que ha generado una fuerte presión sobre el territorio y los recursos naturales.
Este crecimiento, impulsado por la expansión de la industria y los desarrollos inmobiliarios, ha provocado la pérdida de biodiversidad y zonas de recarga hidrológica, afectando la capacidad natural del suelo para infiltrar agua y regular los ciclos hídricos. Como consecuencia, uno de los principales problemas actuales es el aumento en la frecuencia e intensidad de inundaciones urbanas.
En 2025, diversos fraccionamientos del municipio registraron anegamientos severos que afectaron viviendas, vehículos e infraestructura, llegando incluso a evacuar a más de 120 personas y reportar daños en al menos 178 viviendas. Estas situaciones evidencian la vulnerabilidad del territorio ante eventos climáticos extremos, agravados por la pérdida de cobertura vegetal y la urbanización desordenada.
Asimismo, la contaminación derivada de residuos sólidos y orgánicos, junto con la limitada cultura de aprovechamiento de estos, contribuye a la degradación del suelo y al aumento de emisiones contaminantes. A nivel estatal, se suman problemáticas como la desigualdad social (con más del 30% de la población en pobreza moderada) y carencias en servicios básicos, lo que resalta la necesidad de soluciones integrales para llegar a una soberanía alimentaria.
En cuanto al contexto territorial, El Marqués forma parte de una región estratégica dentro del Bajío, caracterizada por su dinamismo económico y su cercanía con la zona metropolitana de Querétaro. Esta condición ha favorecido la instalación de parques industriales y el crecimiento de desarrollos habitacionales, muchas veces sin una planeación ambiental adecuada.
Además, el municipio se ubica en diversas cuencas hidrológicas, algunas de ellas con disponibilidad limitada de agua, lo que incrementa la presión sobre los recursos hídricos y hace más urgente la protección de las zonas de recarga hidrológica. Frente a este panorama, la relevancia pública del proyecto es clara. La creación de parques agroecológicos contribuye directamente a la recuperación de áreas verdes y a la restauración de funciones ecológicas clave, como la infiltración de agua, la regulación de temperatura y la conservación de la biodiversidad.
Al incorporar plantas nativas y espacios para polinizadores, se fortalece el equilibrio ecológico urbano, mientras que los huertos comunitarios y sistemas de lombricomposta promueven la reducción de residuos y la producción local de alimentos. Además, estos espacios generan beneficios sociales significativos al ofrecer áreas de recreación, educación ambiental y convivencia comunitaria.
En un contexto donde el crecimiento urbano ha reducido los espacios públicos de calidad, los parques agroecológicos representan una oportunidad para mejorar la calidad de vida de la población y garantizar el derecho a un medio ambiente sano. En conclusión, el proyecto atiende de manera directa problemáticas críticas del municipio, como el cambio climático, las inundaciones y la degradación ambiental, al mismo tiempo que fortalece el tejido social y promueve modelos sostenibles de desarrollo.
Su implementación no solo responde a una necesidad urgente, sino que también genera valor público al contribuir a la construcción de comunidades más resilientes, saludables y conscientes en El Marqués.
Explique por qué considera que el proyecto/programa/iniciativa es innovador en términos metodológicos, organizacionales, tecnológicos, institucionales, etc. El carácter innovador de esta iniciativa radica en su enfoque integral, que combina elementos metodológicos, organizacionales, tecnológicos e institucionales para transformar la manera en que se conciben y gestionan los espacios urbanos.
A diferencia de proyectos tradicionales de áreas verdes, los parques agroecológicos no se limitan a la recreación pasiva, sino que se configuran como sistemas vivos, productivos y educativos que integran biodiversidad, producción de alimentos y gestión de residuos en un mismo espacio. Desde el punto de vista metodológico, el proyecto adopta un enfoque participativo y de aprendizaje activo.
La comunidad no es únicamente beneficiaria, sino protagonista en el diseño, implementación y mantenimiento del parque. A través de talleres, capacitaciones y actividades prácticas, se promueve la apropiación del espacio y la transferencia de conocimientos sobre agricultura urbana, compostaje, biodiversidad y sostenibilidad. Este modelo de co-creación fortalece el sentido de pertenencia y garantiza la continuidad del proyecto a largo plazo.
En el ámbito organizacional, la iniciativa propone una estructura colaborativa que articula a diversos actores: ciudadanos, organizaciones civiles, instituciones educativas y autoridades locales. Esta red de colaboración permite aprovechar distintos saberes, recursos y capacidades, generando sinergias que potencian el impacto del proyecto. Asimismo, fomenta nuevas formas de gobernanza comunitaria, donde las decisiones se toman de manera colectiva y transparente, promoviendo la corresponsabilidad en el cuidado del entorno.
La propuesta es que se generen grupos de participación en los cuales la comunidad pueda inscribirse y organizarse con las distintas actividades que se requieran para el mantenimiento de los parques; en los cuales además se propone que haya una supervisión por parte de expertos en el tema, académicos, empresas y actores políticos. En términos tecnológicos, aunque se trata de una propuesta de bajo costo, incorpora soluciones apropiadas y sostenibles como la lombricomposta, técnicas de agricultura regenerativa y el uso de especies nativas adaptadas al clima local.
Estas tecnologías no solo reducen el impacto ambiental, sino que también son accesibles y replicables en distintos contextos urbanos, lo que facilita su escalabilidad. Además, se pueden integrar sistemas de captación de agua para el riego del huerto, así como establecer un sistema de riego eficiente. Desde una perspectiva institucional, el proyecto introduce un modelo innovador de uso del espacio público, al convertirlo en un bien común multifuncional que responde simultáneamente a desafíos ambientales, sociales y alimentarios.
Esto implica repensar las políticas urbanas tradicionales y abrir espacios para la implementación de soluciones basadas en la naturaleza. Asimismo, puede alinearse con objetivos de desarrollo sostenible y agendas locales de cambio climático, fortaleciendo su relevancia en el contexto actual. Otro aspecto innovador es su contribución a la economía circular. El proyecto no solo reduce residuos mediante la transformación de desechos orgánicos en fertilizante, sino que también reintegra estos recursos al sistema productivo del huerto, cerrando ciclos y disminuyendo la dependencia de insumos externos.
Este enfoque promueve una cultura de aprovechamiento y responsabilidad ambiental que puede replicarse en los hogares y otras comunidades. Finalmente, la iniciativa destaca por su capacidad de generar impacto multidimensional. No solo mejora la calidad ambiental urbana y la biodiversidad, sino que también incide en la salud, la educación, la cohesión social y la resiliencia comunitaria.
Al integrar todos estos elementos en un solo modelo, el proyecto trasciende las soluciones convencionales y propone una nueva forma de habitar y construir ciudades, más sostenibles, inclusivas y conscientes.
Los ciudadanos, mediante capacitaciones en lombricomposta, talleres de huertos y el establecimiento de jardines polinizadores, fortalecen sus capacidades para el cuidado de las plantas, el mejoramiento de los suelos y la producción intensiva de hortalizas, favoreciendo el mantenimiento y la apropiación del espacio comunitario
La sostenibilidad y continuidad del proyecto de parques agroecológicos en el municipio de El Marqués se fundamenta en un enfoque integral que articula dimensiones financieras, institucionales y operativas, garantizando su permanencia y evolución a largo plazo. Para iniciar el proyecto y establecerlo se requiere de una inversión aproximada de $12,028 pesos mexicanos (entre lo que se incluye cajones para la lombricomposta, tinaco para el riego, semillas, charolas de germinación, pie de cría de lombriz, tierra negra, tierra para germinación, plantas nativas para los jardines de polinizadores, malla sombra y tijeras para poda), así como la participación de personal de la Dirección de Medio Ambiente de la Secretaría de Desarrollo Sustentable del Municipio de El Marqués para la capacitación y elaboración del jardín, la lombricomposta y la germinación de semillas para el huerto; posteriormente la comunidad será la encargada de llevar a cabo el mantenimiento, sin embargo, se pueden realizar visitas de supervisión de las actividades realizadas.
En términos de sostenibilidad financiera, el proyecto se caracteriza por su bajo costo de implementación y mantenimiento, ya que prioriza el uso de recursos locales, materiales reciclados y tecnologías apropiadas como la lombricomposta. La producción interna de insumos representa un elemento clave: la lombricomposta instalada en el ayuntamiento permite la reproducción y cuidado de la lombriz roja californiana, asegurando un suministro constante de fertilizante orgánico sin necesidad de adquirir productos externos.
Asimismo, el invernadero municipal fortalece la autosuficiencia del proyecto al producir plántula y plantas nativas para polinizadores, reduciendo costos y facilitando la expansión a nuevos espacios. Adicionalmente, el modelo abre la posibilidad de generar esquemas complementarios de financiamiento, como alianzas con empresas socialmente responsables, programas gubernamentales ambientales y participación comunitaria mediante donaciones en especie o trabajo voluntario.
La producción de excedentes como plantas, composta o incluso algunos productos del huerto, también puede convertirse en un mecanismo de reinversión que contribuya a la auto sustentabilidad del proyecto. Desde el punto de vista institucional, la participación del ayuntamiento es un pilar fundamental que brinda legitimidad, respaldo y continuidad a la iniciativa.
La integración del proyecto en las políticas públicas locales, particularmente en áreas como medio ambiente, desarrollo urbano y participación ciudadana, permite que trascienda administraciones y se consolide como un programa permanente. Asimismo, la vinculación con escuelas como en el caso de la lombricomposta escolar fortalece el componente educativo y asegura la formación de nuevas generaciones con conciencia ambiental.
El modelo también promueve la colaboración interinstitucional, involucrando a actores como organizaciones civiles, instituciones educativas y la propia comunidad. Esta red de actores diversifica la responsabilidad y evita la dependencia de una sola entidad, lo que incrementa la resiliencia del proyecto ante cambios administrativos o presupuestales. En cuanto a la sostenibilidad operativa, el enfoque comunitario es clave.
La participación activa de los habitantes en el cuidado y mantenimiento de los parques agroecológicos garantiza su funcionamiento continuo. A través de capacitaciones y actividades prácticas, se desarrollan habilidades locales que permiten a la comunidad gestionar de manera autónoma los huertos, jardines y sistemas de compostaje. Este sentido de apropiación reduce costos operativos y fortalece el compromiso a largo plazo.
Además, la existencia de infraestructura base como el invernadero y la lombricomposta municipal permite estandarizar procesos y asegurar la calidad de los insumos utilizados en cada intervención. Esto facilita la replicación del modelo sin comprometer su funcionamiento. La implementación gradual, comenzando con proyectos piloto y escalando progresivamente, también contribuye a una operación sostenible, ya que permite ajustar estrategias y optimizar recursos.
Finalmente, el componente educativo y demostrativo del proyecto refuerza su continuidad. Al generar conciencia sobre la importancia del cuidado ambiental, la gestión de residuos y la producción sostenible de alimentos, se promueve un cambio cultural que trasciende el proyecto mismo. Esto incrementa la probabilidad de que las prácticas adoptadas se mantengan en el tiempo y se repliquen en otros espacios.
En conjunto, la combinación de autosuficiencia en insumos, respaldo institucional, participación comunitaria y enfoque educativo asegura que el proyecto no solo sea viable en el corto plazo, sino sostenible y escalable en el tiempo, consolidándose como una estrategia duradera para mejorar el entorno ambiental y social en El Marqués.
La escalabilidad y replicabilidad de los parques agroecológicos en zonas urbanas se fundamentan en su diseño flexible, su bajo costo relativo y su capacidad de adaptarse a diversos contextos sociales, ambientales e institucionales. Este modelo no depende de condiciones altamente especializadas, sino que puede implementarse de manera progresiva en distintos tipos de espacios urbanos, como parques públicos, terrenos baldíos, azoteas, escuelas o áreas comunitarias, lo que facilita su expansión tanto a nivel local como regional.
Uno de los principales factores que favorecen su replicabilidad es el uso de recursos y tecnologías accesibles. La incorporación de prácticas como la lombricomposta, el cultivo de especies nativas y la captación de agua de lluvia no requiere infraestructura compleja ni inversiones elevadas. Además, estas técnicas pueden adaptarse a las condiciones climáticas y culturales de cada región, permitiendo que el modelo mantenga su esencia mientras responde a las particularidades locales.
Esto hace posible su implementación tanto en ciudades grandes como en comunidades más pequeñas. En términos sociales, el enfoque participativo del proyecto facilita su adopción en distintos contextos, ya que promueve la organización comunitaria y el trabajo colaborativo. Al involucrar activamente a los habitantes desde las etapas iniciales, se genera un sentido de pertenencia que incrementa las probabilidades de éxito y continuidad.
Este componente es clave para su escalabilidad, ya que permite que nuevas comunidades repliquen la experiencia a partir de aprendizajes compartidos, sin depender exclusivamente de actores externos. Asimismo, el modelo puede adaptarse a diferentes niveles de intervención. Puede comenzar como un proyecto piloto en pequeña escala; por ejemplo, un huerto comunitario con un sistema básico de compostaje y crecer gradualmente hasta convertirse en un parque agroecológico integral.
Esta capacidad de crecimiento modular permite ajustar el proyecto según la disponibilidad de recursos, el interés de la comunidad y el apoyo institucional, facilitando su expansión sin requerir grandes inversiones iniciales. Desde el punto de vista institucional, la iniciativa tiene el potencial de integrarse en políticas públicas relacionadas con medio ambiente, desarrollo urbano, educación y salud.
Su alineación con objetivos de sostenibilidad y cambio climático permite que gobiernos locales y organizaciones adopten el modelo como parte de sus estrategias, promoviendo su replicación en diferentes territorios. Además, puede establecerse como un programa o red de parques agroecológicos, generando intercambio de experiencias, buenas prácticas y conocimientos entre distintas comunidades.
Otro elemento clave para su replicabilidad es su valor educativo. Al funcionar como espacios de aprendizaje práctico, los parques agroecológicos pueden convertirse en centros demostrativos que inspiren a otras comunidades a implementar iniciativas similares. La documentación de procesos, la sistematización de resultados y la difusión de experiencias exitosas contribuyen a facilitar la transferencia del modelo a nuevos contextos.
Finalmente, la propuesta responde a problemáticas comunes en muchas ciudades, como la pérdida de biodiversidad, la generación excesiva de residuos y la desconexión entre las personas y los sistemas alimentarios. Al ofrecer una solución integral y adaptable, los parques agroecológicos tienen un alto potencial de ser replicados en distintos entornos urbanos, generando impactos positivos a mayor escala.
En conclusión, la combinación de accesibilidad, flexibilidad, participación comunitaria y pertinencia ambiental convierte a este modelo en una iniciativa altamente escalable y replicable. Su implementación en diferentes contextos no solo es viable, sino también necesaria para avanzar hacia ciudades más sostenibles, resilientes e inclusivas.
Los resultados obtenidos hasta el momento demuestran la viabilidad y el impacto positivo del proyecto de parques agroecológicos en contextos urbanos. En una primera etapa, se logró la implementación exitosa de un parque agroecológico en un fraccionamiento, así como la instalación de un sistema de lombricomposta en una escuela, lo que permitió validar el modelo en dos entornos distintos: comunitario y educativo.
En el caso del Fraccionamiento El Mirador se vieron beneficiados cerca de 20,000 habitantes con la creación del parque agroecológico, se transformó un espacio subutilizado en un área productiva, verde y funcional. Se establecieron jardines con plantas nativas que han comenzado a atraer polinizadores contribuyendo a la recuperación de la biodiversidad local. Asimismo, se implementó un huerto comunitario que ya produce hortalizas básicas, permitiendo a los habitantes acceder a alimentos frescos y libres de agroquímicos, obteniendo cerca de 40 kilogramos de hortalizas cada cosecha.
Este espacio también ha servido como punto de encuentro vecinal, fortaleciendo la convivencia, la organización comunitaria y el sentido de pertenencia. Asimismo, las compostas establecidas en el fraccionamiento producen 40 litros de lixiviado al mes y 100 kg de humus al mes. Por otro lado, la implementación de la lombricomposta en una escuela ha generado resultados significativos en términos educativos y ambientales.
Estudiantes y docentes participan activamente en la separación de residuos orgánicos y en el manejo del sistema, lo que ha fomentado una mayor conciencia sobre la gestión responsable de los desechos. A través de esta práctica, se ha logrado reducir la cantidad de residuos enviados a la basura, al tiempo que se produce fertilizante orgánico que puede ser utilizado en jardines escolares o huertos educativos.
Este proceso ha permitido que los alumnos comprendan de manera práctica los principios de la economía circular y la sostenibilidad. Adicionalmente, el proyecto ha fortalecido su infraestructura mediante la implementación de una lombricomposta en el ayuntamiento, donde se lleva a cabo la reproducción y cuidado de la lombriz roja californiana. Este espacio funciona como un centro de producción de insumos orgánicos, garantizando el suministro constante de fertilizante natural para los distintos huertos y jardines del programa, así como la disponibilidad de lombrices para futuras expansiones del sistema.
Asimismo, se cuenta con un invernadero en el cual se produce plántula y plantas nativas orientadas a la atracción de polinizadores. Este componente es clave para asegurar la continuidad y escalabilidad del proyecto, ya que permite disponer de especies adecuadas para cada intervención sin depender de proveedores externos. Además, el invernadero contribuye a la conservación de flora local y fortalece la resiliencia de los espacios agroecológicos.
Ambas experiencias han evidenciado que el modelo es funcional, adaptable y bien recibido por la comunidad. Se ha observado un incremento en el interés de los participantes por temas ambientales, así como una mayor disposición para adoptar prácticas sostenibles en su vida cotidiana, como el compostaje doméstico o el cultivo de alimentos en casa. Además, estos proyectos piloto han servido como espacios demostrativos que permiten mostrar los beneficios tangibles de la iniciativa, facilitando su difusión y posible replicación en otros contextos.
También han permitido identificar áreas de mejora, como la necesidad de mayor capacitación continua, seguimiento técnico y fortalecimiento de la organización comunitaria para asegurar la permanencia de las acciones en el tiempo. En términos generales, los resultados alcanzados confirman que los parques agroecológicos y los sistemas de lombricomposta no solo son soluciones viables, sino también herramientas efectivas para promover cambios ambientales y sociales a nivel local.
Estos primeros logros sientan las bases para la expansión del proyecto, consolidando un modelo que integra sostenibilidad, educación y participación ciudadana con impactos positivos y medibles.